Informations et ressources scientifiques
sur le développement des zones arides et semi-arides

Accueil du site → Doctorat → Espagne → 2001 → LA RESTAURACIÓN DE LA CUBIERTA VEGETAL EN ZONAS SEMIÁRIDAS EN FUNCIÓN DEL PATRÓN ESPACIAL DE LOS FACTORES BIÓTICOS Y ABIÓTICOS

UNIVERSIDAD DE ALICANTE (2001)

LA RESTAURACIÓN DE LA CUBIERTA VEGETAL EN ZONAS SEMIÁRIDAS EN FUNCIÓN DEL PATRÓN ESPACIAL DE LOS FACTORES BIÓTICOS Y ABIÓTICOS

MAESTRE GIL FERNANDO TOMÁS

Titre : LA RESTAURACIÓN DE LA CUBIERTA VEGETAL EN ZONAS SEMIÁRIDAS EN FUNCIÓN DEL PATRÓN ESPACIAL DE LOS FACTORES BIÓTICOS Y ABIÓTICOS

Auteur : MAESTRE GIL FERNANDO TOMÁS

Université de soutenance : UNIVERSIDAD DE ALICANTE

Grade : TESIS DOCTORALES 2001

Introduction
Las zonas áridas y semiáridas ocupan en la actualidad casi dos quintos de la superficie total de los continentes, siendo el soporte donde se desarrolla la vida de más de mil millones de personas (Reynolds 2001). En muchas de estas zonas, ciertos cambios demográficos, tecnológicos y socioeconómicos han conducido a una presión excesiva sobre los recursos naturales que ha originado una intensa degradación del suelo, la cubierta vegetal y los procesos ecológicos, biogeoquímicos e hidrológicos, provocando una pérdida de productividad biológica y económica englobada bajo el nombre genérico de desertificación (Puigdefábregas 1995, Reynolds 2001). Esta degradación es uno de los principales problemas ecológicos a nivel mundial, ya que se estima que afecta al 65-70 % del total de zonas áridas y semiáridas (Reynolds et al. 2000). En la Cuenca Mediterránea, las zonas semiáridas se caracterizan por presentar una gran variabilidad interanual en la distribución de la precipitación y la presencia de lluvias torrenciales en cortos periodos de tiempo (Quereda & Montón 1997, De Luis 2000). Estos factores climáticos, unidos a características litológicas, geormorfológicas y a un uso intensivo de la tierra en periodos críticos, han favorecido que en la actualidad buena parte de su superficie esté afectada por procesos de degradación del suelo y de la cubierta vegetal, así como por la desertificación (Pérez Trejo 1994, Brandt & Thornes 1996, Puigdefábregas & Mendizábal 1998). El proceso degradativo puede no ser reversible espontáneamente, ya que cuando determinados umbrales son sobrepasados, incluso si los factores causantes de la alteración son reducidos, sólo puede revertirse la situación mediante la intervención humana en forma de actividades de restauración1 (Aronson et al. 1993, Whisenant 1999). La vegetación juega un papel fundamental en la conservación del suelo (Thornes 1990, Castillo et al. 1997, Cerdà 2001), por lo que es habitual que se considere a la recuperación de la cubierta vegetal como una de las técnicas disponibles para mitigar, y aún revertir, los efectos de la desertificación (Nykvist 1983, Vallejo et al. 2000a, Le Houérou 2000, Reynolds 2001). Es por ello que la revegetación ha sido considerada por las distintas administraciones con responsabilidad en materia de gestión ambiental como una de las prioridades en los programas de lucha contra este complejo fenómeno (Gómez 1999, Rojo 2000, Ministerio de Medio Ambiente 2002a). Una vez degradadas, la restauración de las zonas semiáridas presenta numerosos problemas debido a la escasez de recursos fundamentales para la vegetación, a unas condiciones ambientales especialmente limitantes para el desarrollo de las plántulas y a la alteración que los animales pueden provocan en las actuaciones de revegetación (Whisenant 1995a, 1999). Una de las principales características que presentan estos ambientes es su marcada heterogeneidad en la distribución espacial de los recursos bióticos y abióticos (e. g. Schlesinger & Pilmanis 1998, Burke et al. 1999). En los ecosistemas semiáridos, la escasez de precipitaciones no permite la existencia de una cobertura vegetal continua, por lo que predominan formaciones abiertas en las que alternan manchas de vegetación dispuestas en una matriz de suelo desnudo (Puigdefábregas 1996). Junto a esta cobertura discontinua, las áreas sin vegetación presentan a su vez una notable variación en propiedades y elementos superficiales que tienen una gran importancia en la dinámica de los flujos de agua y nutrientes, como las costras físicas y biológicas, los fragmentos rocosos superficiales, la hojarasca y la microtopografía, (e. g. West 1990, Poesen & Lavee 1994, Burke et al. 1999). Las características de las zonas semiáridas han provocado que el éxito de las actuaciones de revegetación que se han llevado a cabo en estos ambientes haya sido reducido en numerosas ocasiones (Odera 1996, Cortina et al. en prensa). Este hecho, unido a los elevados costes asociados a su seguimiento y mantenimiento (Serrada 1997, López Cadenas 1998), resalta la necesidad de incorporar los avances científicos sobre composición, estructura y funcionamiento de los ecosistemas a las actividades de restauración (Zamora 2002, Jordano et al. 2002, Cortina et al. en prensa). La heterogeneidad de los factores bióticos y abióticos juega un papel fundamental en el funcionamiento y dinámica de los ecosistemas, ya que puede favorecer la existencia de una mayor diversidad (Pringle 1990, Wilson 2000), reduce el impacto de la depredación (Kaiser 1983, Webb & Wilson 1985) y el parasitismo (Nachman 1981), aumenta la estabilidad de una población (Tilman 1994), afecta la dispersión, colonización y supervivencia de las plantas (Rees et al. 2000, Corlett 2000), ayuda a mantener el polimorfismo genético dentro de una especie (Smith et al. 1983, Weider 1989, Lechowicz & Bell 1991) e influencia el desarrollo de la vegetación después de una perturbación (Harrington 1999, Steen 1999). No obstante, y a pesar de su importancia, rara vez ha sido tenida en cuenta a la hora de diseñar actividades de revegetación (Whisenant 1999).

Mots clés : CIENCIAS DE LA VIDA ; BOTANICA ; ECOLOGIA VEGETAL ; CIENCIAS AGRARIAS ; FLORESTAS ; CONTROL DE LA EROSION ;

Présentation et version intégrale

Page publiée le 18 mars 2006, mise à jour le 9 février 2019